martes, 30 de abril de 2013

Ma tihuian

"Era un largo corredor con una serie de puertas mal acabadas, que daban acceso a las distintas oficinas de la buhardilla. Aunque no había ninguna abertura por donde entrase directamente la luz, tampoco era completa la oscuridad, porque algunas secciones no estaban separadas del corredor por puertas de una sola tabla, sino simplemente por rejas de madera que, por otra parte, llegaban hasta el techo; a través de ellas entraba un poco de luz y, además, se podía ver algunos funcionarios... miraban por las rendijas a la gente que esperaba en el corredor."
El Proceso.   Franz Kafka

La confusión de lenguas.   Gustave Doré
Grabado en acero.  1865. 


"El chucho es mi hermano. El chucho me cuida en las noches cuando me quedo sola con los cipotes. Y nada más hay que la oscurana encima de uno. El miedo de no amanecer el otro día. Nuestra reconfortación es que el chucho ronca debajo de la carreta. Que de vez en cuando husmea y comienza a ladrar a los cielos.
Ahí está con los ojos tristes, con los ojos llenos de lágrimas y hablándome en otro lenguaje que no entiendo porque es más difícil que el inglés. Me mira y me mira hasta que logro entenderle. El vivo a señas y el tonto a palos, eso es nada más por decirlo pues a veces puede volverse al revés y el chucho entiende a señas y el vivo a palos. Chucho lindo, pelo suave, cabeza de huacal. ¿Quién me le pegó en las costillas? Chucho color café y ojos fosforescentes."
Un día en la vida.  Manlio Argueta

Francisco de Goya, 1819-1823
Óleo sobre yeso, trasladado a lienzo 
Museo del Prado, Madrid

La campana suena.  La luz del número se apaga.  El ascensor se abre perezosamente, liberándome de su opresiva cavidad revestida de espejos.  Interminable pasillo blanco, flanqueado de decenas de despachos idénticos, con los nombres de sus ocupantes pintados sobre sus puertas de vidrio.  517.
-Buenos días. Vengo por un resultado
-Tiene el número del ticket?
-...
-El ticket. El papelito que le dieron el dia que le tomaron la muestra.
-Si, aqui lo tengo
Involuntariamente, mis dedos palpan en el costado, sobre la camisa las cicatrices recientes de la toracoscopia, en el espacio entre las costillas.  Aún duelen, aunque ya retiraron las suturas.   La mujer, peinada cuidadosamente, rebusca en una carpeta de hojas sueltas que ha extraido de una de la pila de carpetas idénticas que pueblan su escritorio. Olor levísimo de gardenias.   Su mano manicurada me extiende un pliego.  La hoja está doblada en tres, con un gancho metálico engrapado en la mitad.
-Necesito una firma aquí y aqui.  Es para el recibido.   Con número de cédula.
-Muchas gracias.

 

El consultorio del especialista es amplio y luminoso.
-¿Por que no pidió cita con el oncólogo que le ordenó la biopsia?
-Porque no estaban dando citas con él.  Ya no tiene contrato con la aseguradora
Por las persianas semiabiertas se ve el panorama de la ciudad.
-¿Y por qué solo hasta ahora trae el resultado de la patología?
-Porque tampoco había agenda con usted sino hasta ahora.  Dijeron que estaba de vacaciones.
La vitrina de caoba oscura aloja cientos de cajitas de muestras de medicamentos y docenas de relojes en miniatura.
-¿Tiene copia del informe del procedimiento? Y de la tomografía? 
-Si, por supuesto.
En las paredes grotescos dibujos infantiles brillantemente coloreados, enmarcados en madera.
-¿Por que le mandaron la biopsia?
-Fiebre sin causa.  Varios meses, por las noches.  Todas las noches.  Pérdida de peso.  Diez o doce kilos tal vez.
-Y le tomaron las pruebas usuales, supongo.
-Si, claro.  Tuberculosis, hepatitis, VIH. Lo usual.  Tambièn aspirado de la médula ósea.
Sobre el escritorio, el retrato de una muchacha un poco gruesa que sonríe desde algún paisaje de aspecto europeo.
-Linfoma no Hogdkin.  Células pequeñas, no hendidas.  Aparentemente la enfermedad esta limitada a la cadena de ganglios del mediastino posterior.  Lo importante es que no hay afectación a ambos lados del diafragma.  Eso indica que es posible esperar buenos resultados.
-Que curso planea seguir? Una quimioterapia CHOP?
-Si.  Seis u ocho ciclos, probablemente.

Maligno.  Tinta sobre cartón.  2012


La llovizna cae. Los transeúntes aceleran su paso.  Los mendigos piden monedas.  Un hombre con una canasta bajo en brazo ofrece a voces cucuruchos de maní tostado.  Un viejo autobús pasa dejando una estela de denso humo negro y sabor a alquitrán en el aire. Tras la gran vidriera, una ancha sala de espera  con largas hileras de sillas azules.
"Para ser atendido solicite ficha en el cubículo No. 1"
-El cuarenta y siete
De entre la sala se levanta un resonar.  Un rumor como enjambres de insectos. 
-Cuarenta y ocho
Murmullo de voces indistintas que vierten sus pesares en el vecino y en sentido inverso. 
-Y entonces dijeron que la aseguradora no tenía convenio con ellos y no la quisieron atender en esa clínica asi que la tuvimos que llevar al hospital. No se imagina como estaba eso de lleno de gente.Y que no nos dejaban que se quedara alguien con ella.  Y les decía yo que una señora de esa edad como se va a quedar sin quien la ayude para ir al baño, con lo altas que son esas camillas y ellos erre con erre, que no, que para eso estan las enfermeras. Y dicho y hecho.  Una fractura de la cadera, y ahora que encima no quieren autorizarle la cadera metálica que le tienen que
-Cuarenta y nueve.   Cuarenta y nueve.   Cincuenta.
-Tan es así que el neurólogo dice que si no le autorizan el traslado a un sitio de esos, que él no va a pasar de este fin de semana.
Las voces comparten sus monólogos, suspendiéndolos por un momento y esperando cortesmente a que el adyacente continúe con el suyo, dando la apariencia de una conversación. 
-El setenta y cuatro
-Ese ya lo llamaron
-Marina, ¿en que número vamos?
-Yo estoy con el setenta y siete.
-Ah, si.  El setenta y ocho.
La mujer del cubículo le habla a la bocina de un teléfono negro.   Señala con un dedo la silla frente de sí mientras recibe la ficha con el número.
-En que le colaboro?
-Es para la autorización de un tratamiento.  Aquí están las órdenes médicas.
Despliega las hojas sobre el escritorio y digita algo en el teclado mientras sostiene el auricular con el hombro.
-Y entonces dizque esa misma noche el marido que le llega con un chupado enorme en el cuello -Un desgraciado, si, y lo peor es que ella le pregunta que si fue la misma perra esa la que le hizo ese chupado y el hombre le responde que a ella que le importa si fue la misma perra o si fue otra.  -No, es que yo tampoco lo puedo creer.
Al hablar la mujer enseña sus incisivos manchados de labial carmesí, del que queda muy poco sobre sus labios. Sus cejas desaparecieron y dieron pie a un par de lineas delgadas, casi completamente horizontales, tatuadas sobre su piel.
-Con lo que si no puedo es que ella dice que se acuesta con él de todas maneras, que para demostrarle que lo puede tener cuando quiera, y que él no es capaz de dejarla por la otra. A quien le cabe eso en la cabeza?   Debe traerme una copia de la cédula y del carnet de afiliación.  No, mija, usted no.  Un señor que estoy atendiendo aquí. 
-Si, aquí tengo éstas.
-No, es que éstas no le sirven porque tienen que ser ampliadas al 150%
-Tengo que volver a pedir turno?
-No, pasa por un lado y me las trae nada más. 
La lluvia arrecia y cubre el paisaje con blancas cortinas de agua, y la gente se agolpa bajo los salientes de los tejados.  
-Las copias que hacían falta.
-Están mojadas. En fin, el asunto es que no podemos encargarnos del tratamiento por insuficiencia en los tiempos de cotización.
-¿Que tiempos?
-Las semanas cotizadas.   Para poder cubrir enfermedades catastróficas o de alto costo la ley requiere que el empleado haya cotizado al menos 100 semanas y le faltan 4.  En estos casos le corresponde al trabajador cubrir los costos solidariamente con la aseguradora, lo que quiere decir que para poder comenzar el tratamiento, debe cancelar... Bueno, no tengo el dato aqui.  Es el 50% del costo total en todo caso, viene a ser como poco menos de veinte millones.   Debe ir a contabilidad en el tercer piso que allá le imprimen la factura con el valor exacto.
-Pero yo no tengo esa cantidad...
-Bueno, igual hay maneras.   Están los créditos bancarios.   Es mejor que vaya a contabilidad que allá lo orientan. 


La vieja secretaria de la gerencia, está como de costumbre, detrás de su viejo escritorio de madera, demasiado pequeño para un despacho tan grande y desnudo.   Solo el escritorio y un corroído archivador metálico de tres gavetas.
-¿Y Guillermo?  ¿Todavía sigue quedándose con usted?
-No.  Hace días que no se de él. 
-Espero que no le haya sacado plata.
-Bueno, si mencionó algo de un proyecto que tenía con un tio suyo, para vender libros de texto en los colegios. Me pidió que le ayudara con lo que pudiera. 
-Sí, eso es lo que nos dijo a todos aquí.   Pero el no tiene ningún tío. 
-La verdad no se parecían para nada. 
-No debió haberle dado nada. Ya deben estarse fumando esa platica.  O sino que lo diga la madrecita de él, que por allá paso y en un descuido se cargó con todas las cosas de valor en la casa.  
-Que terrible.
-Dicen que también se llevó instrumental de aquí.   De lo de odontología.  Están contándolo todo a ver que falta.  ¿Y cuando se fue?
-Hace una semana, creo.
-O sea, recién que le llegó su carta
-Sí, precisamente. Al día siguiente.
-Ya sabe lo que dicen. las ratas son las primeras en huir cuando el barco se hunde. 
-Y a propósito de lo de mi carta,
-No.  Lo suyo no ha llegado todavía.  Usted sabe que la doctora no viene sino hasta el lunes.
-Y sobre lo otro?
-No, yo ya le había dicho que eso no se puede.
-Pero solo sería un mes.  Le dijo lo del tratamiento?  Le dijo que estoy dispuesto a trabajar todo el mes sin paga? Solo necesito cotizar cuatro semanas más con ustedes.
-Sí, le dije, pero no se puede.  Dice que sería como llevar una nómina paralela y que cuando haya una auditoría no tendríamos como justificarlo.  



No parece un sitio muy conveniente para las oficinas de la procuraduría pública.   Una callejuela estrecha y oscura, a las afueras de la ciudad.  Amanecerá pronto y la gente ya hace horas que hace fila a la espera de que el vigilante nocturno saque las fichas para pedir el turno de atención.
-Yo no había llegado todavía pero la de adelante dijo que cuando ella llegó no habían recogido el cuerpo todavía.
-Impresionante.   ¿Donde quedó?
-Alli, mas arriba.  Ahí se ve el charco de sangre.
-¿Y lo mataron aqui mismo?
-No, dizque el tiro se lo pegaron en la otra cuadra pero alcanzó a llegar caminando hasta aquí.
El amanecer se despliega sobre el cielo.  Los funcionaron llegan cerrando la puerta tras de sí.  El vigilante sale finalmente a repartir las esperadas fichas.
-¿Para que viene?
-Me dijeron que aquí me podían hacer una asesoría.
-Sobre que?
-Es para presentar una caso ante el tribunal por un tratamiento que no cubre la aseguradora.
-Ah, si.  Aquí le colaboran con eso pero le toca que regresar mañana.  Para hoy ya se acabaron las fichas.


El aguacero se desencadena y la caseta es insuficiente para la gente que se esconde bajo su techo de la lluvia.  Un chorro que cae por una esquina moja el costado derecho de mi cabeza y se riega por el cuello, hacia abajo.  Los autobuses pasan y pasan y la gente se va haciendo mas poca.  Mi autobús no pasa aún y todos se han ido.  La lluvia repica sobre el techo translúcido.   Algo se mueve bajo el banco metálico.  Una bestezuela mojada, de fauces barbudas.   Un perro.  Terriblemente sucio y flaco.  Orejas recortadas y cola amputada a nivel de la segunda vértebra.  En épocas mejores fue seguramente la mascota de alguien.  Es una hembra.  El desgaste incipiente de las piezas dentarias señalan tres o posiblemente cuatro años.   Sus pezones alargados muestran que ya ha tenido crías. 

-¿Que ha pasado con tus humanos? 

Mira largamente, con los ojos húmedos y su mirada es una súplica.  

-Vamos.   Nos vamos a casa.



"La granja oscura se aloja contra nuestros ojos.
Cada noche debo darme cuenta
de que el arnés sobre el clavo izquierdo
sigue marchitándose,  marchitándose"
Farmer in the city (Remembering Pasolini).  Scott Walker
Tilt.  1995. Fontana Records


sábado, 26 de enero de 2013

Forma de futuro absoluto

 "Y la bestia emergerá rodeada de una turbulenta nube de venganza. La casa de los infieles será demolida y ellos serán totalmente arrasados. Sus etiquetas parpadearán hasta el final de los días."
Xilografía. 1954


"...una enorme y maldita criatura, tal vez nacida fuera de nuestra realidad tridimensional, avanzando hacia mí, hambrienta, viscosa, informe... como un fétido grumo de masa purulenta entre amarillenta y verdosa y de una viscosidad bituminosa, retorciéndose en medio de silenciosos espasmos, al abominable compás de las ondulaciones sebáceas y oleaginosas que su piel apenas parecía poder contener... un horror inexpresable, inmundo, nauseabundo, una forma teratológicamente monstruosa de una maldad ultraterrena"
Svnt Dracones.   Sufur.  06-04-2010


Gravitación.  M.C. Escher.
Litografía y acuarela.  1952

En el país de la niebla, el amanecer es un resplandor tímido en el cielo. El vuelo nupcial ha terminado, y diez millares de hormigas caídas en el pavimento mojado, agitan inútilmente sus patitas en el aire turbio de la mañana, sin resolverse a morir todavía.   Es difícil encontrar un espacio libre donde pisar.  De los tejados de arcilla cocida gotea todavía la lluvia caída durante la noche.  En los charcos viscosos, crecen las algas.  El pie se desliza.  Una mano que aparece, detiene la caída.
-Hay que fijarse bien por donde se pisa.
-Disculpe usted.  estaba un poco distraído.
-Tarde, no?
-Un poco, si.  El bus tardó un poco mas de lo planeado.
-Recuerda quien soy?
-Por supuesto.  El asistente de Paulina.
-Higienista oral y auxiliar de odontología.
-Claro.  Eso mismo.  El nombre se me escapa, sin embargo.  Creo que no hemos sido presentados
-Guillermo.  Mucho Gusto.

Es un poco demasiado pequeño, sin que sea lo suficiente como para calificarle de enano.  El contorno redondo de su cara, y su mentón diminuto, a pesar de que evidentemente no se ha afeitado en un par de días, le da la apariencia general, un poco incómoda, de no haber alcanzado la pubertad todavía.

-Así que ya no se está quedando en el hospital.
-No.  He decidido viajar desde la capital todas las mañanas.
-Y eso?
-No me siento muy seguro aquí en las noches.  Igual solo es un par de horas. Y la carretera no está tan mal.
-Así que se queda con la familia.
-No.  En realidad alquilé un apartamentito en el centro. 
-Que bien.  Habrá que visitarlo uno de estos días.  Y piensa ir a la fiesta de navidad del hospìtal?
-No sabía que iba a haber una fiesta.  Supongo que sí.  Es lo que se acostumbra. 

Sus manos son, como es acorde, pequeñas y redondas.  Se despide con un apretón levísimo.
-Adiós, que se me hace tarde.   Nos veremos en la fiesta. 

El turno termina y nos dirigimos a la tienda dela esquina contigua.  La celebración pre-navideña del hospital es exigua y taciturna, componiendose principalmente de algunas sillas de plástico, y algunos invitados que se ocupan en beber la mayor cantidad de cerveza en el menor tiempo posible, y que ensayan algunos pasos de baile al son de la música salpicada de chirridos de una vieja grabadora.    Guillermo ya se encuentra allí. Sonríe y habla de trivialidades diversas mientras apoya levemente su palma sobre mi rodilla.   Debo ir al baño.  Al salir, está allí, esperándome junto al marco de la puerta.  Me besa en los labios durante la fracción de un segundo y después regresa a la mesa sin decir nada.
Es el domingo siguiente. El timbre del intercomunicador rompe el silencio de la tarde.
-Buenas. Un señor Guillermo, que lo necesita.
-Dígale que siga, por favor.
Larga pausa.  Pasos en la escalera. Golpes en la  puerta.
-Hola
-Que sorpresa. Como supo que vivía aqui?
-La secretaria me dijo.  Aparece en la actualización del curriculum. 
-Ya veo.
-Me da mucha pena venir así, pero necesito un favor
-Si está a mi alcance...
-Es que mis papás se dieron cuenta.  Usted entiende, de lo mío.  Tuvimos una pelea, muy fea.  Y esperaba que me dejara quedar aquí unos días.

Geodésica incompleta.  Tinta sobre papel.  2008

-Es hora de salir, o perdemos el bus.
-Yo no voy
-No tiene que ir a trabajar hoy?
-No.  Lo que pasa es que también me despidieron del trabajo, así que ya no voy a volver.
-Siento escuchar eso.  Hablaremos en la noche, entonces. 

La noche cae.  El bus desciende de la montaña con su cotidiano traqueteo arrítmico.  La ciudad, como siempre, enciende sus luces.  El portero, como siempre, junto a su puerta.
-Buenas noches
-Muy buenas.  Hagame un favorcito y le dice a sus amigos que le bajen un poco a la música, que los otros inquilinos se están quejando.
-Amigos?
-Si, los que están en su apartamento con el señor que se está quedando con usted.

-Que bueno que llegaste ya.   Ven te presento unos amigos míos
-Mucho gusto.  Un placer.
-Espero que no te moleste que los haya invitado. 
-Estamos todos aqui aburridos.  Deberíamos salir a bailar.
-La verdad no tengo muchas ganas. Estoy algo cansado.
-Entonces bailemos aquí
-No creo que sea buena idea.  Los vecinos se están quejando ya por la música.
-Entonces salgamos, no seas aguafiestas.  Tomate un trago.
-No, si el vodka que había en la nevera se nos acabó hace rato. 
-Ah, si, es verdad.  No se diga más.  Cámbiate y salimos..




Decadencia y distorsión  hiperbólica.  Acrílico sobre cartón.  2011

Las luces de la discoteca se encienden, finalmente.  la música cesa y la gente se dirige maquinalmente a la salida. 
-Y para donde vamos ahora?
-Supongo que a dormir, no?
-Yo no quiero ir a dormir
-Ni yo.
-Aquí cerca queda el consultorio de una bruja,  vamos a que nos lea el futuro.
-A esta hora?
-Pues claro.  Si precisamente es hora de brujas

La vieja casa desvencijada queda en el recodo de una calle sin luz.  Una puerta corroída.  Una vitrina con íconos y frascos multicolores.  En algun lugar, ramas de espliego se queman.  Una cortina de abalorios.  Una mujer obesa, sobre un desvaído sofá floreado.

-Termine de beber el café.   Lo que se lee son los sedimentos.  

-A que han venido aqui?
-A Saber sobre el futuro.
-No aquí a esta  casa. Aquí a este lado de las estrellas.

-Ha visto  -Ella ha visto
-El velo de indiferencia.. -Se ha roto

-No hemos venido -Siempre estuvimos aquí
-Ellos sin embargo 
-Han venido para cumplir su llamado
-Oscurecimiento y tortura.
-Fuimos el alma de los mundos
-Vigilamos el curso de la vida
-Ellos se alimentaron de los qualia de toda vida sentiente
-Ha sido erradicada de la faz del continuum
-Somos los únicos restantes desde la caída de Chi Sagittarii
-Desde allí nos llegó lo que quedaba de nuestra memoria común.
-El reino de este mundo es nuestra última tumba
-Las curvas cerradas de tiempo donde anidan sus formas verdaderas, insuficientes para contenerles.
-Las formas de su variedad han de ser desplegadas
-Su materia, gravitacionalmente repulsiva
-La curvatura negativa sobre el continuum romperá su equilibrio.
-Maldición sobre todos los mundos.
-Tratarán de escapar a traves de  la puerta  de los sueños detras de la mente colectiva de una especie sentiente.
-Fuimos aprisionados en nuestra forma presente, en espera de que la mente de la humanidad les de acceso a traves nuestro.
-La última puerta resiste, aún.



-Que decepcion..
-El cajero automático no nos dió nada.  No hay nada en su cuenta
-Ni tampoco nada de valor aquí.   Este reloj no vale nada.  No hay nada mas?
-Hay un par de mancuernillas de plata en la gaveta de la ropa interior.   Son un recuerdo de... alguien importante que ya no está. Lo único que queda. 
-Bueno, peor es nada.
-Y que hacemos con este?
-Nada. Por que?
-Y si nos denuncia?
-La bruja dijo que con lo que le iba a dar no se acordaría de nada.
-También dijo que no tardaría en dormirse y ya ves. Solo le ha servido para desvariar.
-Igual no nos va a denunciar por un par de baratijas.  A lo mejor ni se da cuenta de que faltan.
-Ok. Cari, ya nos vamos. Tu te quedas?
-Si, que ya tengo sueño.

-Es extraño como de repente huele tanto a lodo aquí.
-No lo había notado.   No ha de ser nada.  Probablemente gases acumulados del sistema de tuberías que se escapan por los drenajes.
-Claro que no.  Si fuera eso a lo que olería sería a mierda.
-Bueno. Abriré las ventanas, entonces. Es mejor que tratemos de dormir ahora.   Ya es muy tarde.

Pronto se queda dormido, respirando ruidosamente con la boca completamente abierta.  Un hilillo de saliva asoma por la comisura.  La lengua se estremece con ligeros espasmos. Sin ningún movimiento articulatorio, su voz resuena, diáfana, en el silencio de la habitación.  
-Es una hermosa noche.  Deberías salir a apreciarla un poco.  Caminar un rato, tal vez.

El portero, soñoliento, gira la llave en la cerradura de la puerta principal.   La calle desierta, en la última hora antes del amanecer.  Ningún transeúnte.  Ningún Auto. Ningún viento.  Ninguna estrella.    Una farola se apaga.   El horizonte se curva sobre sí mismo, como si una gigantesca pecera redonda hubiese aparecido alrededor.   A lo lejos, una figura indistinta que se acerca despacio.   Su silueta oscura se distorsiona, ora a lo largo, ora a lo ancho,  borroneada por una superficie líquida que no existe.   Súbitamente, se encuentra un paso frente a mí.  Alta figura.  Muy pálido. Uniforme que recuerda al de los policías de verdad. Color indistinguible.  Ninguna expresión se adivina detrás de sus lentes oscuros.  En la escarapela donde habría de estar bordado su apellido, líneas ondulantes oscilan caprichosamente en símbolos indescifrables. Su piel translucente ondula con los movimientos de su marea interior.  Su voz, tan lejana.

-Señor:  Tenemos que tratar sobre este asunto de mostrar su forma verdadera en público. 


Cielo y Tierra.  Hildegarda de Bingen.
Ordo virtutum.  c. 1165
Akademisk Kor & Orkester.  2011

"Mientras aplauden tras el telón,
en el ocaso mueres vieja Europa.
Sola, ay, loca y hundida.
Aber waumn ists so dunkel hier?"
Europa.  Mónica Naranjo.
Tarántula (2008).  SonyBMG

martes, 16 de octubre de 2012

Cathartes aura regnans

"Entonces llovió. Y el cielo fue una sustancia gelatinosa y gris que aleteó a una cuarta de nuestras cabezas."
Isabel viendo llover en Macondo.  Gabriel García Márquez. 1968
Napalm.  Oswaldo Guayasamín. 1976
De la serie La edad de la Ira. 
Oleo sobre lienzo.  Galería Nacional de Praga

"voy
mirando, algunas veces,
al cielo
bajo,
que refleja
la luz de la sangre roja derramada,
avanzo
muy
penosamente, hundidos los brazos en espesa
sangre,
es
como una esperma roja represada,
mis pies
pisan sangre de hombres vivos
muertos,
cortados de repente, heridos súbitos,
niños
con el pequeño corazón volcado, voy
sumido en sangre
salida,
algunas veces
sube hasta los ojos y no me deja ver"
Crecida.  Blas de Otero.  Expresión y Reunión.  Alfaguara 1962

Autoretrato con uniforme.  Ernst Ludwig Kirchner  (1915) 
Oleo sobre lienzo. Allen memorial Art Museum. Oberlin (Ohio)

"Pero ¿qué me importa a mí tu honradez? ¿Qué me importa tu muerte? ¿Qué me importa a mí nada de nada? Benditos sean los trigos, porque mis hijos están debajo de ellos; bendita sea la lluvia, porque moja la cara de los muertos. Bendito sea Dios, que nos tiende juntos para descansar"
Bodas de sangre. Federico García Lorca. 1931
El martirio agiganta a los hombres raiz.  Pedro Alcántara Herrán. (1966)
Grabado.  Museo de Arte Moderno La Tertulia, Cali.


En la pequeña tienda del pueblo no venden cigarrillos mentolados. Solamente tabaco rubio, sin filtro, de ínfima calidad.  Enciendo uno apoyado sobre un costado de la ambulancia, estacionada bajo el diminuto techo de lámina de zinc, toscamente improvisado junto a la entrada del hospital. La lluvia tamborilea incesante sobre el metal. Casi tres dias de lluvia continua, como si el cielo se hubiera roto.  Las espirales del humo se rompen rápidamente en la cortina de la lluvia.  El aire se llena de olor a moho y lodo recientemente removido. Compruebo, con sobresalto que en un rincón, junto la puerta trasera de la ambulancia, se encuentra la figura de un hombre que no estaba allí hace una fracción de segundo.  Sin haber hecho ningún ruido.  Como si se hubiera materializado de entre la niebla.  Joven y moreno. Pequeña estatura. Raído y empapado uniforme de camuflado. Enlodadas botas negras de caucho. Barba de varios días. Expresión indiferente. Vacía.
-Se necesitan sus servicios
-¿Una urgencia? Claro, siga adentro y que la enfermera tome sus datos.  Lo alcanzaré en un segundo.
-Aqui no.  Se necesita allá
Con el índice señala la direccion general en el turbio cielo hacia donde se levanta la cima de la montaña.
-Pero no puedo. Estoy solo yo. ¿Quien va a atender a la gente del pueblo si pasa algo?.
-No es un favor lo que le estamos pidiendo. Es una orden
Levantando un poco la falda de su chaqueta, deja ver la empuñadura de una pistola, que asoma bajo la cintura de su pantalón
-Que clase de emergencia es?
-Allá se le darán los detalles
-Pero como voy a saber que se va a necesitar?
-Lleve solo lo indispensable
-Voy a necesitar entrar por unas cosas primero.
-¿Esta maleta? La enfermera ya me la pasó.  Arranquemos pues.
El largo recorrido por la empinada ladera de la montaña, sin una sola palabra.  No ha dicho ni siquiera su nombre. Me ha ayudado un par de veces a salir de los tremedales de lodo donde me quedo atascado de cuando en cuando.  La densa vegetación del monte, la densa niebla, la lluvia incesante hacen imposible cualquier intento de orientación.  Solo se sabe que vamos hacia arriba. Siempre hacia arriba.  El monte decrece gradualmente ante la tenue atmósfera de las alturas. algunas plantas ralas y achaparradas. Densos cojines de esfagnos rezumantes de agua, sobre los que es difícil pisar sin caer. El punzante frío del páramo.  Luego de nuevo el descenso por el lado contrario de la montaña, sobre la abrupta pendiente. En un claro del monte, algo parecido a un asentamiento humano.  Algunos plásticos extendidos entre los árboles. Algunos chinchorros alineados en fila. Una especie de choza de tablones, guaduas y plásticos.  Un par de bancas hechas de árboles aserrados a lo largo. Una zanja de poca profunidad, cavada en la tierra.  Un hombre, igualmente de camuflado,  fuma un cigarro enorme a la entrada del campamento improvisado.

-Comandante, aqui le traigo su encargo.
-Ya era hora. Tendrían que haber llegado hace hora al menos.  Pensé que había tenido que quebrarlo en el camino.
-Ya sabe como es esta gente.  Hizo el recorrido mas en cuatro patas que en dos. 
El comandante estrecha mi mano con la suya, fría y viscosa. 
-Bienvenido. Este es el ejército del pueblo.
Hace un ensayo de sonrisa cortés que deja ver el espacio vacío donde estuvieron sus premolares.  Sus ojos pequeños, ocupados casi enteramente por sus iris oscuros, solo dejan ver algo de blanco cuando mira hacia los lados. Su voz se estremece con una vibración, como si fuera producida por un enjambre de grillos que viviesen en la cavidad vacía de su pecho. 
-Usted me dirá en que puedo ayudar.


Laberinto de carne.  Acrílico sobre cartón. 2012
-Es uno de nuestros efectivos. Tuvo un accidente. Con un explosivo. Necesitamos que usted lo opere. 
-¿Aqui?
-Si, aqui mismo.
-¿De que?
-Varias cosas.  Es mejor que entre y lo vea.
Un cuerpo pequeño se retuerce y queja en el suelo en medio de un charco de sangre.  Mortalmente pálido. Su mano derecha, envuelta en un vendaje sangriento. su ojo derecho, cubierto por un parche bajo el que se escurren pequeños hilillos de sangre.  Una pelusa de bigote se insinúa sobre su labio. Su piel marcada por el impacto de centenares de esquirlas.  Pide agua, con un hilo de voz.
-Empiece primero por la ingle, es donde está sangrando más.
-Pero si es apenas un niño
-Tiene dieciocho
-Como que dieciocho? si apenas le empieza la pubertad. 
-Lo que pasa es que es de constitucion pequeña.  A ver, dígale al doctor cuantos años tiene. Conteste pues
-No es necesario, si usted lo dice asi será.  Y como voy a operarlo sin anestesia?
-Tenemos esto
-Esto es de uso veterinario
-Pues sirve igual. 
-No. Es peligroso. La dosis necesaria para mantenerlo lo suficientemente quieto podría ser mortal.
-Entonces mejor tenga cuidado.
-Necesito alguien que me ayude.  Y canalizar una vena.
-Ya tiene una canalizada.
-Hay que ponerle liquidos por las dos. está perdiendo mucha sangre.  Donde esta mi maleta? Necesito el equipo de sutura.  Alguien puede decirme que fue lo que pasó?
-Estaba encargado de asegurar el perímetro.  Le explotó una mina. Fue un accidente.
-Pero que es esto? Alcánceme la pinza con garra.  Un tornillo?
-Un tornillo, si. Las minas llevan eso como metralla. Y clavos también.  Yo le saqué una docena o así antes de que usted llegara.  Y mierda. Se le pone para que se envenenen las heridas.  Ojalá haya traído hartos antibióticos.
-Afloje el torniquete.  Un poquito nada mas. Con cuidado. (un chorro de sangre tibia cruza sobre mi párpado) No, no más. Aprételo de nuevo. Rápido.  Suelte, yo me encargo.  Este hilo de sutura es demasiado grueso. No, no puedo apañarme con este. Es imposible.  No puede suturarse una arteria con esto.  Podría alguien limpiarme la cara, por favor?
Mas sangre. Tanta sangre.  Es difícil de creer que un cuerpo tan pequeño contenga tanta sangre. 
-No creo que pueda hacerse nada por la mano. No aquí al menos.  Si pudiéramos transladarlo al hospital de la capital...
-Imposible.  Va a tener que hacer lo que pueda pero aquí mismo.
-Entonces habrá que amputar. 
Las moscas sobrevuelan en círculos ambplios y estrechos, en todas las direcciones. 
-Pueden hacer algo para espantar todas estas moscas?
El procedimiento avanza, dolorosamente lento.  las moscas han cedido su lugar gradualmente a las mariposas nocturnas que enjambran alrededor de la lámpara de gasolina. La arteria radial se ha ligado, por fin.  El radio y la ulna han sido aserrados.  Los restos sangrientos de la mano han sido retirados. 
-Y el ojo? puede hacerse algo por el ojo?
-Me temo que no.  Hay que enuclear.  Si se deja, las defensas del cuerpo podrían atacarlo. Y dañar el ojo bueno también.
-No le encuentro el pulso.
-Está en paro.  Saque las ampollas de adrenalina. Están ahí, en el bolsillo de afuera. 
La caja torácica cruje con cada compresión, durante el masaje cardiaco. 
-No hay pulso todavía.
-Sabe dar resìracion artificial?
-No.
Los pulmones se expanden tímidamente con cada ventilación.  Su rostro sabe a vómito y sangre y lágrimas.
-Agarre la linterna. Está en este bolsillo.  Mirele la pupila del ojo bueno.
-Está abierta. Muy abierta.
-No se cierra con la luz?
-No
-Nada?
-Ni un poquito.

Los hombres recogieron al muerto, con la misma sábana sobre la que estaba tendido y lo sacaron afuera asiéndola de las esquinas.  Recojo el instrumental desperdigado y lo guardo en la maleta.  Todo lo cubre el insistente olor de la sangre. 

-Hice todo lo que pude. 
-Lo que pudo no alcanzó.
-Van a respetarme la vida?
-Todo depende
-De que?
-Hay otro servicio con el que necesitamos que nos colabore
-Si está a mi alcance...
Se acerca más de lo necesario para una conversación casual.  En la superficie negra y vidriosa de sus ojos pequeños, me veo a mí mismo, como en un espejo.
-Seguro que sí.  Le hemos hecho el estudio de inteligencia.  A todo el que entra a esta región se le hace.  Sabemos de su mamita, allá en la casa junto a la estacion de buses, en la capital.  Sabemos también que frecuenta ciertos lugares. Lugares solo para caballeros, por decirlo así.  Lugares de mala reputación.
-Pero que tiene que ver todo esto con nada?
-Verá usted, el finadito que usted no pudo salvar, además de ser un buen combatiente, tenía otra función muy importante.  Era nuestra cantimplora.
-¿A que se refiere con eso?
-Pues, que pasaba de mano en mano, como una cantimplora.  Usted entenderá que esta es una parte muy aislada del mundo, y los hombres tenemos necesidades.  Hemos pedido a la linea de mando que nos mande muchachas, pero las muchachas por aquí escasean, y son difíciles de reclutar. Así que tenemos que arreglarnos con lo que resulta.  Antes se podía mandar a los hombres al pueblo de civil, para que fueran donde las putas, pero ahora el pueblo está muy vigilado.
-¿Y yo que tengo que ver?
-Pues usted que ya tiene experiencia en el tema, no le importará colaborarle a los muchachos un poco antes de que se vaya. 
-¿Colaborar con que?
-Usted sabe. No necesita hacerse el guevón.
El metal del cañón de la pistola, al deslizarse por mi mejilla se siente vivo, como una serpiente exepcionalmente fría. 
-Tengo alguna alternativa?
-No si sabe lo que le conviene. Hay que mantener alta la moral de la tropa.

Los hombres mojados se congregan, con sus uniformes mojados, enlodados, enmohecidos.  Sorprende que sobre ellos no crezcan las setas venenosas, ni los líquenes, ni los musgos, ni florezcan las bromelias que florecen en las oquedades de cada árbol de este monte. 

-Al menos podrían lavarse un poco, primero?
-Aquí nos bañamos cuando se cumplen dos condiciones: Una que el enemigo esté lejos y el combate afloje. Y dos: que encontremos un río. Y hace bastante que no se cumplen. En todo caso, a callarse, que se nos tira la fantasía.  Mas bien siga chupando. 

Los cinturones se desabrochan y las hebillas golpean contra el suelo. 

-Vení pues que ya te toca
-No, yo no voy, que yo no soy marica.
-Ni yo tampoco.  Pero aprovechá que quien sabe hasta cuando.  Acá el truco es decirse a uno mismo "esto es una mujer" y ya.  Y además este sí la sabe chupar.  Y el culo le aprieta rico. Mucho mejor que una mujer, que cuando se calienta y se lubrica, se abre tanto que no se siente nada.  Aquí si se puede uno regar a gusto.

La lluvia se filtra a raudales por entre los plásticos que sirven como techo.  Los hombres empiezan a roncar, envueltos en sus chinchorros. 
-Le colocamos la cadena?
.No, para que.  Igual si se va a ir solo en plena noche el monte se lo come.  Déjelo ahí y mañana temprano sale con él para el pueblo.  Nosotros desmontamos esto y nos encontramos en las otras coordenadas. 
-Y el muñeco?
-En la chonta que no se usó.  No es sino cavar mas hondo y ahi lo enterramos.   Pero mañana nos ocupamos de eso.

El viento furioso de la tormenta levanta las lonas mal atadas a los tablones de la pared.  Al otro lado, la oscuridad completa de la noche se rasga por la furia de los relámpagos, que revelan el rostro del pequeño muchacho muerto, boca arriba, de frente a la lluvia que lava su rostro sin amortajar.

Humanity (parte I). Ennio Morricone. 1982
Banda sonora de The Thing (John Carpenter). Varèse Sarabande


Concierto No.1 op. 10 "La tempesta di Mare" en Fa Mayor,

Banda sonora de Dark Water.   (Walter Salles. 2005)