viernes, 5 de julio de 2013

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"En todas las habitaciones viene un día en que el hombre
se despelleja vivo
En que cae de rodillas, que pide piedad
Que balbucea y se vuelca como un vaso
Y padece el suplicio espantoso del tiempo
Derviche lento es redondo el tiempo que gira sobre sí mismo
Que mira con ojo circular
El descuartizamiento de su destino
Y el pequeño ruido de angustia antes de las horas,

Antes de las medias
No sé nunca si eso va a sonar por mi muerte
Todas las habitaciones son habitaciones de justicia
Aquí conozco mi medida y el espejo
No me perdona"


Todas las habitaciones de mi vida.  Louis Aragon.  Tiempo de morir. 1965

"Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe con las manos."
Me encanta Dios.  Jaime Sabines.  Adán y Eva.  1952


Desastre del Val di Noto.  Autor anónimo.  1693
Grabado en cobre.  Colección privada de Jan Kozák.  

Dulle Griet saqueando el infierno. 
Oleo sobre madera
Museo Mayer van den Bergh

-Por favor suba a la báscula.  Necesitamos el peso actual para calcular la dosis de los antibióticos
-Habrá cambio de antibióticos de nuevo?
Cuesta sostenerme en pie.   La aguja de la báscula oscila irregularmente sobre el disco. 
-Ya la situación se ha estabilizado lo bastante como para poder cambiar a antibióticos orales.  Estará mas seguro en casa que aquí. En los hospitales se puede pescar una infección a cualquier momento.  39 kg
-Es casi la mitad de lo que pesaba antes de que todo esto empezara.
-Si, por eso es que tenemos que calcular las dosis por kilogramo de peso. A lo pediátrico. La enfermera de domiciliarios pasará en tres días por su casa para ver como va.  Hay que pedir cita de control para dentro de una semana.  Trate de salir lo menos posible y de restringir las visitas. Una infección oportunista es lo último que necesita en este momento.   Ahora a facturación y que les autoricen el alta.  
El cielo del medio día es abrumadoramente brillante después de tanto tiempo a la sombra.   El taxi avanza laboriosamente a través del embotellamiento de la hora de almuerzo.   Los pocos peldaños hacia la puerta de entrada de la vieja casa se agigantan, como el ascenso a una cumbre.  La Madre remueve los trastos en la cocina.  
-Le sirvo ya?
-No tengo hambre ahora.   Mas bien, si me ayuda a bajar al sótano para deshacer la maleta...  
-¿Porque no se queda mas bien aquí arriba? La pieza es lo bastante grande para los dos.
-Ya estoy acostumbrado a alla abajo.  ¿Por que no está el bebé?
-Su hermana habló con la otra abuela para que lo cuide.  Los niños a toda hora mantienen resfriándose y no es bueno que le peguen un resfriado a usted así como está.  
-¿Y mi perra?
-La están cuidando.  Aquí no había quien la cuidara. Además tampoco me parece que sea bueno tener animales aquí ahora.
-¿Donde la tienen?
-En el campo.  
-Es decir...
-No, no donde su papá.  Donde otra gente.  La están cuidando bien.  

La diminuta ventana del sótano muestra, como siempre, la hondonada donde los tugurios se apiñan como hongos que brotan sobre un tronco muerto, mas numerosos de lo que recordaba de la última vez.  Sus plásticos negros se mecen al viento junto con las verdes hojas de las plataneras.  La Madre desempaca de la maleta pijamas sucios.  En un jirón de cielo entre las nubes blancas, un fragmento moteado de arcoiris, sin ninguna lluvia.  Algo en el aire.  Una sensación   de inquietud.  Tal vez un ruido. ¿De donde viene?.  De todas partes.  Pero no un ruido.  Un resonar, tal vez.  Una vibración en el cráneo.  
-¿Escucha usted algo, Madre?
-No. La algarabía de los autobuses allá en la estación, pero nada mas.  
Un sonido, definitivamente.  Imperceptible pero punzante.  Frecuencia por debajo de 20 hercios, probablemente.   De todas partes y de ninguna. Desde abajo.  
-Vámonos. 
-Pero falta ropa por desempacar. Se siente mal?
-No.  Si.  Algo sucede.  Tenemos que irnos. 
La vibración crece y se convierte en una onda monstruosa que levanta y deprime el suelo bajo nuestros pies.  La casa entera vibra con su resonancia.  Es imposible mantenerse en pie.  Hincados, juntos, la Madre me abraza apretadamente.  Su corazón palpita con fuerza. Atropelladamente musita imploraciones a la divinidad.   El sonido ahora es un rugido que nos envuelve.  El suelo continúa revolviéndose con furia, horizontal y verticalmente.   Seguramente ha pasado más de un minuto, pero no parece detenerse.  El aire se oscurece.  La plancha de hormigón deja caer por sus grietas pequeños chorros de arena sobre nuestras cabezas.   Finalmente, el silencio. Sabor a ladrillo molido y una densa atmósfera de polvo. 
-¿Ya se termino?
-Si, eso parece, pero tenemos que salir.  Las réplicas son comunes después de los terremotos y la estructura no parece que vaya a resistir otro movimiento.   
Ninguna salida.   La escalera interior ha quedado enterrada bajo los escombros de la planta principal.  Por la pequeña ventana, en lugar del panorama de casuchas y matorrales, un amasijo de arcilla amarilla y plásticos y madera, y la cavidad desnuda del talud desprendido en lo que fue una colina.   Demasiado pequeña ventana, sellada con barrotes, no podremos salir por ahí tampoco.  Grieta en la pared lateral,  por la que puede verse el patio trasero de la casa contigua.  Si pudiéramos hacer palanca con algo.  Desprender algunos ladrillos. El travesaño de la cama es demasiado grueso y no encaja dentro de la grieta.  Las fuerzas son insuficientes.   

Un tiempo largo, indefinible.  Tal vez una hora.  Tal vez tres.  Las sombras han declinado algunos grados, siguiendo el recorrido lento del sol.  Voces.  Ruidos en la pared. El golpear de una maza.  Luz llenando la habitación.  Los rayos de sol pintan de dorado las partículas de polvo que vuelan delicadamente en el aire.  El vecino, con sus manos grandes arranca trozos de pared hasta formar un agujero lo suficientemente grande por el que escapar.  La casa de al lado persiste, aunque su tejado ha sido desparramado sobre el interior en un abanico de vigas y tejas de barro rotas.  Finalmente la calle.  Las casas de la cuadra se han fundido en una masa única de despojos.  Al este, el horizonte del centro de la ciudad esta borrado por una nube suavemente convexa,  blanca y lisa como el dorso de una seta.  La nube de la implosión de diez mil edificios.  Hay que buscar un lugar abierto.  El patio de juegos de la escuela próxima, tal vez.    

El lugar está abarrotado.  Algunas mujeres soplan sobre un fogón improvisado con algunos ladrillos, algunos maderos y una olla abollada.  Algo de café que hierve.   Una hilera de cadáveres en el extremo de la cancha de baloncesto, cubiertos con mortajas improvisadas.  La gente deambula con una expresión de perplejidad igual en todos los rostros, similar a la de alguien que es despertado en la mitad de un sueño profundo y trata de buscar algo que no recuerda que es.  Ninguna lágrima.  Nadie llora.   La niña pequeña de la mujer que pedía limosna en el semáforo, yace tendida en el concreto de la cancha. Hundimiento del hueso frontal derecho.  Un hilillo de sangre en el oído. Ojos abiertos, córneas turbias.  Ya no se acercará nunca más a los autos cuando les toca la luz roja. 
-¿Y esta muchachita?  ¿Porqué la han dejado así, sin cubrir ni nada?
-Mija, no sé.  Cuando yo llegué ya estaba.  Dicen que a la mama se la llevaron descalabrada a que la cosieran en el hospital. Y a ella la dejaron aquí, junto a los otros.  
Los párpados han empezado a ponerse rígidos.  Cuesta un poco cerrarlos.  La Madre busca en los bolsillos.  Un pañuelo para la mandíbula.  Un nudo sobre los cabellos revueltos de la coronilla.  
-Hay que amarrar, o si no la boca se les queda así, abierta.   
La Madre y la otra mujer se alejan por lo que era la calle.  De lo que había sido la casa, tratan de sacar algo a tirones por entre el enrejado. Regresan con la mayor parte de la cortina floreada que cubría la ventana. 
-Hay que cubrirlos, o si no van a venir las moscas.   
Un viejo radio de pilas da entrecortadas las noticias y la gente lo escucha en círculo.  En silencio. "Seis punto dos grados en la escala de Richter.  El estado de emergencia ha sido declarado en veintiocho municipios, sin embargo, la mayor destrucción se concentra en la ciudad de Armenia. Epicentro estimado hacia los 4.41º Norte de latitud y 75.72º de longitud oeste, en inmediaciones del municipio de Córdoba.  Pánico generalizado.  Sobrevuelos iniciales mostraron daños considerables a la mayor parte de las estructuras.  Destrucción casi completa de la zona céntrica y el sur.  Zona norte relativamente indemne, salvo algunas excepciones.  Sin embargo el espacio aéreo se encuentra actualmente restringido.  No existe aun recuento de muertos y heridos.  Las comunicaciones se encuentras cortadas por completo. Las principales vías de acceso se encuentran bloqueadas."   

Ruptura espontanea de simetría.   Tinta sobre papel.  2009

Algunos hombres llegan con cargas pesadas a la espalda, que dejan en un salón de clases convertido en bodega.  Un refrigerador, aún con el cartel que anuncia que está rebajado, pegado sobre su puerta.  Un televisor nuevo, empacado en su caja de cartón.  
-No podemos quedarnos aquí.   Hay muchos muertos.  Se puede enfermar. También hay gente mala.  Están robando en el centro y lo traen todo aquí
-Yo quiero ir al hospital.
-¿Se siente mal?
-No.  A ayudar.  Seguramente podría ayudar en algo.
-Así como está lo único que haría sería ponerlos a atender un enfermo más.  
-Ayúdeme a llegar
-Ya sabe que le dijeron que no puede exponerse.  Mas bien vayámonos.
-¿A donde?
-A casa de La Niña.  Dicen que hacia ese lado la ciudad no quedo tan destruida.  
-Pero usted sabe que el esposo de ella no nos quiere.  Especialmente a usted.
-Nadie quiere a la suegra, eso no es ninguna novedad.  Pero la familia política es familia de todas maneras.  Nos tendremos que acomodar.  

Ningún auto pasa por la autopista, que ha quedado impracticable por los escombros.  Todas las vías son impracticables.   La mujer loca de los perros, que vive en la calle, sacude con cuidado el pelaje de un perro muerto mientras el resto de la manada mira con gravedad, echados sobre sus panzas, como una avenida de esfinges.  El taller de bicicletas sigue mayormente en pie, vaciado de sus contenidos, ennegrecido por el humo, igual que la peluquería.  La gran cortina metálica del supermercado ha sido doblada y parcialmente arrancada.   Algunos granos de arroz y algunas lentejas pisoteadas en la entrada.  Cajas y bolsas vacías.  Nada mas.  El avance es lento y los pasos pesan.  La mitad izquierda de un edificio de apartamentos ha colapsado en un montón de escombros, mientras la mitad derecha se sostiene, como una casa de muñecas abierta.  La mitad de una sala con sus muebles y sus cuadros colgados en la pared.  La mitad de un cuarto con una cama precariamente al borde.  Una tubería rota de la que brota un surtidor de agua. Un sorbo.   Un momento.  La gente pasa con su cara de desconcierto.  Una pila de cascotes y bloques de concreto ocultan parcialmente un auto amarillo.  Un taxi tal vez.  De una ventanilla asoma una mano de hombre.  Rígida, fría, sin pulso, manchada de sangre. Nos alejamos.  Alguien se acerca y desabrocha el reloj de su muñeca.   La turba lanza ladrillos contra las vidrieras del único almacén de zapatos que aun conserva sus vidrieras y empaca en sacos todos los zapatos que pueden agarrar sin importar que en la vitrina haya únicamente zapatos para pie izquierdo.  

La gran iglesia de piedra se mantiene de pie en medio de un mar de fragmentos.  En otro tiempo estuve aquí, el dia de la ceremonia. Encendí una vela.  Las golondrinas volaban por el alto techo de la nave central.  Ahora vuelan hacia el cielo por el transepto vencido.  El cielo se enrojece mientras el sol se aproxima al horizonte. En el aire quieto, el olor aun leve de la corrupción de la carne.  La gente continua avanzando, como ejercito de hormigas, con sus cargas a la espalda.  Entonces, de nuevo la vibración.  De nuevo el ruido terrible. De nuevo la nube de polvo. La corteza terrestre se reacomoda pesadamente alrededor del área de la falla.  Algunas paredes que aun se resistían a caer terminan cayendo.   El suelo retorna poco a poco a su estado inmóvil, y la gente parece despertar y hay una lagrima en todos los ojos.  

La noche cae y en ausencia de electricidad, la oscuridad sobre la ciudad es completa. Ninguna luz, excepto lo poco que queda de la luna en menguante, y un millón de estrellas.   El barrio, efectivamente ha sido preservado de la peor parte de la destrucción.   Casa pequeña, de ladrillos desnudos. Una sola vela encendida. Cuarta Hermana parece contenta de vernos y abraza a la Madre largamente. La Madre acaricia su vientre redondo, pequeño todavía  y le pregunta por el hijo que viene.  El marido, como era previsto, no parece contento. Sin embargo, en contra de las expectativas, se ha ahorrado sus comentarios.  Un poco de caldo de pollo.  Algo de leche.   Algo de conversación.  No me apetece ninguna de las tres cosas.  Golpes en la puerta.  Voces.  El hombre habla con ellos afuera del umbral. Tono de alarma.  Entra al cuarto y busca su machete debajo de la cama.  Cuarta Hermana le detiene, y su voz se quiebra. 
-¿Para donde va?
-A la calle
-¿A que?
-A hacer la ronda.  Los saqueadores pueden venir.  Dicen que van casa por casa, entrando a la fuerza.
-Seria mejor llamar a la policía.
-No hay policía.  La estacion central se derrumbo.  Los que quedaron vivos se fueron para alla a sacar a los muertos.  La estacion de bomberos tambien se cayo, pero de esos no quedo ninguno vivo.
-¿Y el ejercito?
-Al batallon no le paso nada, pero estan es patrullando el norte, las casas de los ricos.  Hicieron un perímetro sobre la calle novena.  Al sur de ahi estamos por nuestra propia cuenta.  Tranque la puerta y la ventana bien, por dentro y no le abran a nadie.   

Las voces se alejan por la calle.  Hay que apagar la vela.  Hay que tratar de dormir aunque sabemos que no va a ser posible. 

Sobre el techo, en los tendederos aun se agita la ropa seca, mecida por el viento.   El paisaje es uniformemente negro, con la excepción de algunas fogatas encendidas a la distancia.  La Madre llama.  Hay que evitar el frío de la noche.
-¿Vio algo?
-No se ve nada en particular.  Escuche ruidos.
-¿Que ruidos?
-Disparos.  Tres.  Hacia el este.  



"Gime el viento en los aleros, 
desmorónanse las tapias, 
y en sus puertas cabecean combatidas por el viento las acacias, 
combatidas por el viento las acacias.
Dolorido... fatigado de este viaje de la vida, 
he pasado por las puertas de mi estancia, 
y una historia me contaron las acacias: 
Todo ha muerto: la alegría y el bullicio, 
los que fueron la alegría y el calor de aquella casa,
se marcharon unos muertos y otros vivos que tenían muerta el alma, 
se marcharon para siempre de la casa"
Las Acacias. Rodrigo Silva y Alvaro Villalba.  
Música: Jorge Molina Cano. 1916






- ¿Dónde están?
- ¿Quiénes? ¿Quiénes?
- Los hombres...
- No sé. Mira, copos de ceniza...
¡Copos de ceniza... ceniza... ceniza...!
- Han volado todos...
- ¿A dónde, a dónde?
- No sé. Construyamos un nido.
Sí, un nido, un nido.
- Pero... ¿Dónde?
¿Dónde, dónde, dónde, dónde, dónde...?
Las voces de los pájaros de Hiroshima.  
Traducción: Manuel Serrano Pérez
Música: Horacio Guarany


"Y Lloraban Las Mujeres, 
Y Los Hombres Maldecian, 
Pero Solo Era El Lamento, 
Del Chicago Que Moria"
La noche de Chicago.  Mirla Castellanos
Basado en "The night Chigago died" de Paper Lace. 1974




sábado, 18 de mayo de 2013

Stabat mater dolorosa

"Amigo,
levántate para que oigas aullar
al perro asirio.
Las tres ninfas del cáncer han estado bailando,
hijo mío.
Trajeron unas montañas de lacre rojo
y unas sábanas duras donde estaba el cáncer dormido"
Paisaje con dos tumbas y un perro asirio
Federico García Lorca.  Poeta en Nueva York.  1930
Madre migrante.  Dorothea Lange.
Fotografía.  1936

-Esta es una empresa privada.  Hacemos brigadas de salud y la alcaldía subcontrata con nosotros.  Aquí pagamos por evento.  No se maneja salario base.  A veces se programan dos actividades a la semana.  A veces tres.  Sólo de lunes a viernes.  Se paga horas trabajadas.  No pagamos aquí, se tiene que entender con una cooperativa en el centro, que es la que maneja la nómina. Seguridad social tampoco se paga, debe pagarla usted y traernos las copias de las planillas de pago antes del cinco de cada mes.   Está conforme?
-Si, doctor
-Bien.  La secretaria le pasa los formularios que debe llenar.  Mañana tenemos actividad.  Se sale a las 7 am de aqui.  Va con  el conductor del camion y dos auxiliares de enfermería. Una para el control de peso y talla de los niños y la otra para la actividad de higiene oral y la toma de citologías.
-A donde vamos?
-Es una actividad de la alcaldía. Ayuda a los indigentes o algo así.  No tengo la locación ahora, el conductor le informará mañana.

...
El aire de la mañana se satura con el olor del café que la Madre hierve sobre la hornilla. 
-Me alegra que haya conseguido un nuevo trabajo. 
-No es gran cosa.  Apenas algunas horas a la semana, a la mitad del precio normal pero de algo ha de servir. 
-Pero pienso que debería quedarse aquí, en la casa, descansando.  Ese tratamiento es muy duro y lo deja sin fuerzas ni para sostenerse en pie.  Apenas son ocho días del último ciclo, y hace ya muchos días que no puede retener nada en el estómago.   No es momento para trabajar ahora.
-Ya sé, pero hace falta.  Hay que completar las semanas de cotización que me faltan ante la aseguradora o deberé reembolsarles los costos.  Es lo que dijo el fallo del juzgado.  Al menos sirvió para que iniciaran el tratamiento. 


Poco a poco se sube la carga al viejo camión.   Una camilla, que pesa más de lo que parece. Una lámpara de cuello flexible. Una báscula de baño. Un tallímetro de pared.  Algunas cestas plásticas. Un par de enfermeras flacas y pequeñitas, en uniformes blancos un poco pequeños aun para ellas.  Estamos listos.  Un parque abandonado a las afueras de la ciudad, decorado con vallas y banderines de la administración municipal.  Detrás de un kiosco algunos operarios bañan a docenas de vagabundos con una manguera de calubre grueso. Luego se arremolinan alrededor de algunas señoras de aspecto elegante que reparten ropa de segunda, y chocolate caliente y pan.   Los fotógrafos de la prensa toman instantáneas. 

-Dicen que nos podemos hacer en esta carpa.   Los que estén enfermos pasan a consulta.  Se les revisa y se les hace una fórmula.
-¿Y los medicamentos? ¿Trajimos medicamentos?
-No.  Nosotros no manejamos eso.   Solo nos dieron unos cepillos de dientes para regalarles y ya. 
-¿Entonces a donde les digo que deben ir a reclamarlos?
-No sé, de pronto decirles que vayan a la secretaría de salud.   Aunque yo de usted mas bien les diría que traten de comprárselos. 
-Pero si son indigentes. ¿Como van a comprar nada?  Entonces, ¿cual  es el objeto de todo esto?
-Ni idea.  En todo caso, lo mejor es que empecemos pronto a ver si completamos las metas, para ver si este mes si nos pagan y no nos lo quedan debiendo junto con el anterior. 
El camión recorre a diario un paisaje distinto de la entraña oscura de la ciudad.  Casuchas a la vera del río. Campamentos improvisados en las vías abandonadas del ferrocarril.   Hileras interminables de nichos excavados bajo las barandas de la autopista.  Campos enormes de cubículos de adobe del tamaño de una sala de estar, diseñados como casas para familias de cuatro, donde viven ocho.  O diez. O doce.   Informe semanal.   Enfermedad parasitaria intestinal no especificada.  B89X.  Desnutrición proteico-calórica no especificada.  E46X.  Pediculosis de la cabeza.  B850.  Sarna sarcóptica.  Ese no lo recuerdo.  ¿Hay cuaderno de códigos aqui? No, así no aparece.  Plan de acción: Antihelmínticos.  Antiprotozoarios.  Escabicidas. Higiene. Acceso a agua potable. saneamiento ambiental.  Alimentación rica en proteínas.  Por supuesto, si tienen hambre, pues que coman.  Qu'ils mangent de la brioche. No parece mucho un plan.  Ya sabíamos que tíenen hambre desde antes de venir.  Ellos también saben que tiene hambre, no necesitan que nadie les haga ese diagnóstico. 

El camión rueda sobre la carretera destartalada, hacia el oriente, haciendo vibrar todos sus contenidos en cada bache.   Se detiene al fin en un recodo.  El chofer se apea y con el índice señala la cima del cerro a nuestras espaldas. 
-Allá es a donde van.
-¿Y usted?  ¿No nos ayuda con las cosas?
-No, si dejo solo esto aquí cuando vuelva no encuentro ni la carrocería.
Un camino de gradas excavadas precariamente en el lodo asciende por la ladera del cerro.  La camilla de examen pesa como un féretro.    Los tallos gigantes del bambú se mecen con el viento dejando caer las gruesas gotas atrapadas durante la lluvia reciente.  Una eternidad después, la cima del cerro muestra un océano de niebla que cubre la carretera y el valle donde se supone que se vería la ciudad.  Zumbido en los oídos.  El aire falta.  Ranchos de madera y plastico y hojalata se agolpan en las hendiduras del terreno.
-Está todo pálido.  ¿Necesita algo?
-Un baño
-A vomitar otra vez?
-Si
-Pues toca que vaya por allí detras de esos arbolitos.  Baños no va a conseguir, si por aqui no existe el alcantarillado. 

Las arcadas son inútiles.  No queda contenido gástrico que expulsar.  Sólo la espuma rosada que sale con cada acceso de tos, cada vez mas fuerte.  El horizonte gira. El mundo se oscurece y la memoria se disuelve.  

Nube de anclas. Lápiz sobre papel.  2008 

Noche sin estrellas. Páramo desolado.   Oscuridad completa iluminada únicamente por los cien ojos rojos de la criatura.   Apéndices prensiles que hurgan bajo la carne, dolorosamente.  De entre su masa incierta y temblorosa, surge monótona una recitación. 
"Hay un puente entre el tiempo y la eternidad.
este puente es el espíritu del hombre.
Ni el día ni la noche cruzan este puente,
ni la edad, ni la muerte, ni la pena"
-Sueña.  
-Jamás nos aceptará como uno de los suyos.
-Tendrá que, ya que compartes su sufrimiento.

En medio del vacío terrible, una voz conocida.  la voz de Madre, que me llama.  El vacío se condensa en paredes blancas alrededor de mi.  Los cien ojos de la criatura en las luces parpadeantes de la bomba de infusión, con su alarma sonora que nunca se apaga.  Los apéndices en tubos plásticos que taladran la piel, sellados con trozoa se esparadrapo rotulado.  La mano de la madre sostiene la mía. 
La Madre no llora nunca.  La Madre no duerme nunca.  La Madre pasa las horas en vela.   Buscando con sus ojos hinchados en su libro de bolsillo el sentido de la existencia  humana y la naturaleza divina.  La Madre vigila y su mirada penetra todas las cosas.

-Pudo encontrar el sobre?  el que le había dicho que estaba en la mesa de noche?
-Si.   ¿Este?
-Abralo.  Es algo para usted
-¿Que es?
-Tiquetes aéreos, para un viaje.  Y reservas de hotel.  Todo está pagado, lo había empezado a pagar desde hace un tiempo.  Esperaba que pudieramos ir juntos pero yo no puedo ahora, asi que va a tener que ir usted.   Hable con ellas a ver quien la acompaña.  Mire que asi va a poder ver cómo es el mar, y como es viajar en avión.  No se puede dejar dejar perder los tiquetes. Sería un desperdicio y no son reembolsables. 


-Señora, salga un momento mientras pasamos la ronda de enfermería.
-Bueno, el paciente de la 517.  Neumonía.  Sepicemia.  Día decimoquinto.   Pasó la noche muy regular.  Estuvo agitado.  Creo que tuvo alucinaciones.
-Y le subió temperatura?
-No, mas antes la tuvo bajita toda la noche.  como 35 y medio.
-Y con que esta ahora?
-Lo mismo.  Ampicilina Sulbactam cada 6.  Trimetoprim Sulfa cada 12.   Cefotaxima cada 6.   Ah no,  espere, esa la subieron a cada 4.   Aztreonam cada 8.  Metronidazol cada 8.  Ahorita no le pusimos el último vial de metronidazol,  porque el almacén no ha despachado más. Le tocaba a las 6:30.  Metoclopramida cada 8.  La nutrición parenteral siguependiente de iniciar porque no lo han autorizado.  Anoche se le inció Diazepam a las 12 y otra dosis a las 3 pero no dejaron en las órdenes si eran dosis únicas o continúa con horario.  Hay que preguntar. 
-Y la vena?
-Ay, pues no se.  Este goteo era para veinte minutos y se lo puse hace una hora.  
-Está tapada
-Si apenas estaba canalizada de anteayer.
-Pásele un bolo de salina
-Despacio, que se revienta
-Ni modo
-Y donde le vamos a coger otra? Ya no tiene de donde.
-De pronto aquí por la parte de atrás de este antebrazo,
-No, ahi no se puede porque todavía tiene flebitis de la vena que se extravasó la semana pasada. 
-Pues entonces hablen con Celia, que ella tiene buena mano para encontrar venas.
-La de pediatría?
-Sí, ella les hace el favor.
-Y si no?
-Hablar con el médico para que le programen una venodisección. 

-Quisiera salir de aquí, Madre.
-Es imposible.  Dicen que está muy delicado todavía.
-Pero han sido tantos días.  Sé que no a casa, pero afuera.   Afuera de esta habitación.  Una terraza.  Un balcón.  Una ventana con vista al cielo, al menos. Un momento nada más.

Un pequeño equipo de enfermeras es necesario para transladar toda la parafernalia hasta el balcón.  Casi es el ocaso.  Cruzando el cielo limpio de nubes, una bandada de garcillas bueyeras en nítida formación de V.  La madre me extiende una pequeña taza con gelatina.  Garganta completamente seca.  Imposible de tragar.  Como pasar vidrio molido. 

-¿Porque insistio tanto en que me fuera?
-Porque estoy cansado.  Me fallan las fuerzas.  La vida se me escapa.  Sin embargo me es absolutamente imposible morirme delante de usted.  Delante de las enfermeras podría.  Ellas están acostumbradas. está en la descripción del trabajo.   Pero delante de usted...  No logro reunir el valor para dejarme ir.  


"Mamá, la vida acaba de empezar
Pero ahora me tengo que ir y dejarlo todo
Mama, no es por hacerte llorar
Si esta vez ya no regreso mañana
Sigue adelante,
sigue adelante como si nada importase realmente.
 ...
Fácil viene y fácil se va.  Me dejarás ir?
En el nombre de Alá!
No, no te dejaremos ir (¡Dejadle ir!)
En el nombre de Alá!
No te dejaremos ir (¡Dejadle ir!)
En el nombre de Alá!
No te dejaremos ir (¡Dejadme ir!)
No te dejaremos ir (¡Dejadme ir!)
No te dejaremos ir (¡Dejadme ir!)
Ah. No, no, no, no, no, no, no
(Oh mama mía, mama mía) Mama mía,
déjame marchar."
Bohemian rhapsodyQueen
Anight at the opera.  EMI. 1975



"Ella me mira fijamente, como un pez. cuando estoy débil
He estado encerrado en tu caja acorazonada toda una semana.
Oye
espera
tengo una nueva queja
para siempre en deuda por tu consejo invaluable"
Heart-shaped box.   Nirvana
In utero.  DGC. 1993


"Romperá la tarde mi voz
Hasta el eco de ayer.
Voy quedándome solo al final,
Muerto de sed, harto de andar.
Pero sigo creciendo en el sol,
Vivo.
Era el tiempo viejo la flor,
La madera frutal.
Luego el hacha se puso a golpear,
Verse caer, sólo rodar.
Pero el árbol reverdecerá
Nuevo"
Zamba para no morir.  Mercedes Sosa
Yo no canto por cantar.  Universal. 1966

martes, 30 de abril de 2013

Ma tihuian

"Era un largo corredor con una serie de puertas mal acabadas, que daban acceso a las distintas oficinas de la buhardilla. Aunque no había ninguna abertura por donde entrase directamente la luz, tampoco era completa la oscuridad, porque algunas secciones no estaban separadas del corredor por puertas de una sola tabla, sino simplemente por rejas de madera que, por otra parte, llegaban hasta el techo; a través de ellas entraba un poco de luz y, además, se podía ver algunos funcionarios... miraban por las rendijas a la gente que esperaba en el corredor."
El Proceso.   Franz Kafka

La confusión de lenguas.   Gustave Doré
Grabado en acero.  1865. 


"El chucho es mi hermano. El chucho me cuida en las noches cuando me quedo sola con los cipotes. Y nada más hay que la oscurana encima de uno. El miedo de no amanecer el otro día. Nuestra reconfortación es que el chucho ronca debajo de la carreta. Que de vez en cuando husmea y comienza a ladrar a los cielos.
Ahí está con los ojos tristes, con los ojos llenos de lágrimas y hablándome en otro lenguaje que no entiendo porque es más difícil que el inglés. Me mira y me mira hasta que logro entenderle. El vivo a señas y el tonto a palos, eso es nada más por decirlo pues a veces puede volverse al revés y el chucho entiende a señas y el vivo a palos. Chucho lindo, pelo suave, cabeza de huacal. ¿Quién me le pegó en las costillas? Chucho color café y ojos fosforescentes."
Un día en la vida.  Manlio Argueta

Francisco de Goya, 1819-1823
Óleo sobre yeso, trasladado a lienzo 
Museo del Prado, Madrid

La campana suena.  La luz del número se apaga.  El ascensor se abre perezosamente, liberándome de su opresiva cavidad revestida de espejos.  Interminable pasillo blanco, flanqueado de decenas de despachos idénticos, con los nombres de sus ocupantes pintados sobre sus puertas de vidrio.  517.
-Buenos días. Vengo por un resultado
-Tiene el número del ticket?
-...
-El ticket. El papelito que le dieron el dia que le tomaron la muestra.
-Si, aqui lo tengo
Involuntariamente, mis dedos palpan en el costado, sobre la camisa las cicatrices recientes de la toracoscopia, en el espacio entre las costillas.  Aún duelen, aunque ya retiraron las suturas.   La mujer, peinada cuidadosamente, rebusca en una carpeta de hojas sueltas que ha extraido de una de la pila de carpetas idénticas que pueblan su escritorio. Olor levísimo de gardenias.   Su mano manicurada me extiende un pliego.  La hoja está doblada en tres, con un gancho metálico engrapado en la mitad.
-Necesito una firma aquí y aqui.  Es para el recibido.   Con número de cédula.
-Muchas gracias.

 

El consultorio del especialista es amplio y luminoso.
-¿Por que no pidió cita con el oncólogo que le ordenó la biopsia?
-Porque no estaban dando citas con él.  Ya no tiene contrato con la aseguradora
Por las persianas semiabiertas se ve el panorama de la ciudad.
-¿Y por qué solo hasta ahora trae el resultado de la patología?
-Porque tampoco había agenda con usted sino hasta ahora.  Dijeron que estaba de vacaciones.
La vitrina de caoba oscura aloja cientos de cajitas de muestras de medicamentos y docenas de relojes en miniatura.
-¿Tiene copia del informe del procedimiento? Y de la tomografía? 
-Si, por supuesto.
En las paredes grotescos dibujos infantiles brillantemente coloreados, enmarcados en madera.
-¿Por que le mandaron la biopsia?
-Fiebre sin causa.  Varios meses, por las noches.  Todas las noches.  Pérdida de peso.  Diez o doce kilos tal vez.
-Y le tomaron las pruebas usuales, supongo.
-Si, claro.  Tuberculosis, hepatitis, VIH. Lo usual.  Tambièn aspirado de la médula ósea.
Sobre el escritorio, el retrato de una muchacha un poco gruesa que sonríe desde algún paisaje de aspecto europeo.
-Linfoma no Hogdkin.  Células pequeñas, no hendidas.  Aparentemente la enfermedad esta limitada a la cadena de ganglios del mediastino posterior.  Lo importante es que no hay afectación a ambos lados del diafragma.  Eso indica que es posible esperar buenos resultados.
-Que curso planea seguir? Una quimioterapia CHOP?
-Si.  Seis u ocho ciclos, probablemente.

Maligno.  Tinta sobre cartón.  2012


La llovizna cae. Los transeúntes aceleran su paso.  Los mendigos piden monedas.  Un hombre con una canasta bajo en brazo ofrece a voces cucuruchos de maní tostado.  Un viejo autobús pasa dejando una estela de denso humo negro y sabor a alquitrán en el aire. Tras la gran vidriera, una ancha sala de espera  con largas hileras de sillas azules.
"Para ser atendido solicite ficha en el cubículo No. 1"
-El cuarenta y siete
De entre la sala se levanta un resonar.  Un rumor como enjambres de insectos. 
-Cuarenta y ocho
Murmullo de voces indistintas que vierten sus pesares en el vecino y en sentido inverso. 
-Y entonces dijeron que la aseguradora no tenía convenio con ellos y no la quisieron atender en esa clínica asi que la tuvimos que llevar al hospital. No se imagina como estaba eso de lleno de gente.Y que no nos dejaban que se quedara alguien con ella.  Y les decía yo que una señora de esa edad como se va a quedar sin quien la ayude para ir al baño, con lo altas que son esas camillas y ellos erre con erre, que no, que para eso estan las enfermeras. Y dicho y hecho.  Una fractura de la cadera, y ahora que encima no quieren autorizarle la cadera metálica que le tienen que
-Cuarenta y nueve.   Cuarenta y nueve.   Cincuenta.
-Tan es así que el neurólogo dice que si no le autorizan el traslado a un sitio de esos, que él no va a pasar de este fin de semana.
Las voces comparten sus monólogos, suspendiéndolos por un momento y esperando cortesmente a que el adyacente continúe con el suyo, dando la apariencia de una conversación. 
-El setenta y cuatro
-Ese ya lo llamaron
-Marina, ¿en que número vamos?
-Yo estoy con el setenta y siete.
-Ah, si.  El setenta y ocho.
La mujer del cubículo le habla a la bocina de un teléfono negro.   Señala con un dedo la silla frente de sí mientras recibe la ficha con el número.
-En que le colaboro?
-Es para la autorización de un tratamiento.  Aquí están las órdenes médicas.
Despliega las hojas sobre el escritorio y digita algo en el teclado mientras sostiene el auricular con el hombro.
-Y entonces dizque esa misma noche el marido que le llega con un chupado enorme en el cuello -Un desgraciado, si, y lo peor es que ella le pregunta que si fue la misma perra esa la que le hizo ese chupado y el hombre le responde que a ella que le importa si fue la misma perra o si fue otra.  -No, es que yo tampoco lo puedo creer.
Al hablar la mujer enseña sus incisivos manchados de labial carmesí, del que queda muy poco sobre sus labios. Sus cejas desaparecieron y dieron pie a un par de lineas delgadas, casi completamente horizontales, tatuadas sobre su piel.
-Con lo que si no puedo es que ella dice que se acuesta con él de todas maneras, que para demostrarle que lo puede tener cuando quiera, y que él no es capaz de dejarla por la otra. A quien le cabe eso en la cabeza?   Debe traerme una copia de la cédula y del carnet de afiliación.  No, mija, usted no.  Un señor que estoy atendiendo aquí. 
-Si, aquí tengo éstas.
-No, es que éstas no le sirven porque tienen que ser ampliadas al 150%
-Tengo que volver a pedir turno?
-No, pasa por un lado y me las trae nada más. 
La lluvia arrecia y cubre el paisaje con blancas cortinas de agua, y la gente se agolpa bajo los salientes de los tejados.  
-Las copias que hacían falta.
-Están mojadas. En fin, el asunto es que no podemos encargarnos del tratamiento por insuficiencia en los tiempos de cotización.
-¿Que tiempos?
-Las semanas cotizadas.   Para poder cubrir enfermedades catastróficas o de alto costo la ley requiere que el empleado haya cotizado al menos 100 semanas y le faltan 4.  En estos casos le corresponde al trabajador cubrir los costos solidariamente con la aseguradora, lo que quiere decir que para poder comenzar el tratamiento, debe cancelar... Bueno, no tengo el dato aqui.  Es el 50% del costo total en todo caso, viene a ser como poco menos de veinte millones.   Debe ir a contabilidad en el tercer piso que allá le imprimen la factura con el valor exacto.
-Pero yo no tengo esa cantidad...
-Bueno, igual hay maneras.   Están los créditos bancarios.   Es mejor que vaya a contabilidad que allá lo orientan. 


La vieja secretaria de la gerencia, está como de costumbre, detrás de su viejo escritorio de madera, demasiado pequeño para un despacho tan grande y desnudo.   Solo el escritorio y un corroído archivador metálico de tres gavetas.
-¿Y Guillermo?  ¿Todavía sigue quedándose con usted?
-No.  Hace días que no se de él. 
-Espero que no le haya sacado plata.
-Bueno, si mencionó algo de un proyecto que tenía con un tio suyo, para vender libros de texto en los colegios. Me pidió que le ayudara con lo que pudiera. 
-Sí, eso es lo que nos dijo a todos aquí.   Pero el no tiene ningún tío. 
-La verdad no se parecían para nada. 
-No debió haberle dado nada. Ya deben estarse fumando esa platica.  O sino que lo diga la madrecita de él, que por allá paso y en un descuido se cargó con todas las cosas de valor en la casa.  
-Que terrible.
-Dicen que también se llevó instrumental de aquí.   De lo de odontología.  Están contándolo todo a ver que falta.  ¿Y cuando se fue?
-Hace una semana, creo.
-O sea, recién que le llegó su carta
-Sí, precisamente. Al día siguiente.
-Ya sabe lo que dicen. las ratas son las primeras en huir cuando el barco se hunde. 
-Y a propósito de lo de mi carta,
-No.  Lo suyo no ha llegado todavía.  Usted sabe que la doctora no viene sino hasta el lunes.
-Y sobre lo otro?
-No, yo ya le había dicho que eso no se puede.
-Pero solo sería un mes.  Le dijo lo del tratamiento?  Le dijo que estoy dispuesto a trabajar todo el mes sin paga? Solo necesito cotizar cuatro semanas más con ustedes.
-Sí, le dije, pero no se puede.  Dice que sería como llevar una nómina paralela y que cuando haya una auditoría no tendríamos como justificarlo.  



No parece un sitio muy conveniente para las oficinas de la procuraduría pública.   Una callejuela estrecha y oscura, a las afueras de la ciudad.  Amanecerá pronto y la gente ya hace horas que hace fila a la espera de que el vigilante nocturno saque las fichas para pedir el turno de atención.
-Yo no había llegado todavía pero la de adelante dijo que cuando ella llegó no habían recogido el cuerpo todavía.
-Impresionante.   ¿Donde quedó?
-Alli, mas arriba.  Ahí se ve el charco de sangre.
-¿Y lo mataron aqui mismo?
-No, dizque el tiro se lo pegaron en la otra cuadra pero alcanzó a llegar caminando hasta aquí.
El amanecer se despliega sobre el cielo.  Los funcionaron llegan cerrando la puerta tras de sí.  El vigilante sale finalmente a repartir las esperadas fichas.
-¿Para que viene?
-Me dijeron que aquí me podían hacer una asesoría.
-Sobre que?
-Es para presentar una caso ante el tribunal por un tratamiento que no cubre la aseguradora.
-Ah, si.  Aquí le colaboran con eso pero le toca que regresar mañana.  Para hoy ya se acabaron las fichas.


El aguacero se desencadena y la caseta es insuficiente para la gente que se esconde bajo su techo de la lluvia.  Un chorro que cae por una esquina moja el costado derecho de mi cabeza y se riega por el cuello, hacia abajo.  Los autobuses pasan y pasan y la gente se va haciendo mas poca.  Mi autobús no pasa aún y todos se han ido.  La lluvia repica sobre el techo translúcido.   Algo se mueve bajo el banco metálico.  Una bestezuela mojada, de fauces barbudas.   Un perro.  Terriblemente sucio y flaco.  Orejas recortadas y cola amputada a nivel de la segunda vértebra.  En épocas mejores fue seguramente la mascota de alguien.  Es una hembra.  El desgaste incipiente de las piezas dentarias señalan tres o posiblemente cuatro años.   Sus pezones alargados muestran que ya ha tenido crías. 

-¿Que ha pasado con tus humanos? 

Mira largamente, con los ojos húmedos y su mirada es una súplica.  

-Vamos.   Nos vamos a casa.



"La granja oscura se aloja contra nuestros ojos.
Cada noche debo darme cuenta
de que el arnés sobre el clavo izquierdo
sigue marchitándose,  marchitándose"
Farmer in the city (Remembering Pasolini).  Scott Walker
Tilt.  1995. Fontana Records